“ROBOCOP” (1987), el film de Paul Verhoeven para Orion Pictures, escrito por Ed Neumeier y Michael Miner no sólo es un clásico del cine de acción-ciencia ficción de la década de los 80, sino que además, hoy día, tanto ésta como sus dos secuelas (“Robocop 2” y “Robocop 3”), calidad artística aparte, son un reflejo fascinante e inquietante sobre el mundo de hoy día,

el Capitalismo furioso, las guerras corporativas y la destrucción de los servicios públicos.

La trilogía de RoboCop es, por tanto, un ejemplo de lo que se vive en especial, en España.

En “RoboCop”, vemos como la Compañía OCP (siglas de Omni Consumers Products) ha llegado a un “acuerdo” con la ciudad de Detroit para privatizar los servicios y cuerpos de seguridad del Estado, léase, la Policía.  El nº 2 de la compañía, Dick Jones (Ronny Cox) hace referencia a que era un paso lógico tras privatizar (¿les suena?) el ejército y la sanidad (hilarante el anuncio televisivo sobre trasplantes de corazón electrónicos, haciendo siempre referencia a los “números de cuenta” y “pagos a plazos”).

La creación de ROBOCOP, a pesar de ser el héroe (o anti-héroe) del film, no es más que otra idea de OCP para subir las acciones de la compañía y ganar más dinero.

La lucha interna dentro de la empresa es más evidente que los temas políticos pues no hay referencia visual ni a alcaldes, concejales o ministros, lo que deja claro que en éste “futuro” los que manejan el mundo son las empresas (¿les suena?)

Dick Jones, 2º, y Bob Morton (Miguel Ferrer) son hombres sin escrúpulos al servicio de “El Viejo” (Daniel O’Herlihy). La gracia de todo es que no hay “malos y buenos”: todos, desde el empleado más bajo al directivo más alto, son una esperpéntica versión “de comic” de los yuppies americanos, muy “de moda” en los años 80, pero llevados al límite. Aquí, literalmente, se matan unos a otros por conseguir un puesto.

En “ROBOCOP 2” (1990, Irvin Kershner), hay más información sobre cómo opera la OCP que, en un acuerdo legal con la ciudad, puede “embargarla” si ésta entra en quiebra (divertida por bizarra la secuencia del alcalde haciendo un “telemaratón” para recaudar los 37 millones de dólares necesarios para salvar la ciudad)

Además, tiene como eje central la nueva y barata droga de diseño “Nuke” que convierte a todo el mundo en adicto. Al igual que el “Mata Pobres”, la droga mortal que actualmente hace furor en los suburbios más pobres de Grecia: la droga como “vía de escape” a la pobreza, al paro y a cualquier problema personal, abre la veda para los criminales que quieren sacar provecho. Como secuencia significativa, aquella en el que Hob, el niño de ¡¡ 12 años !! que es el nuevo líder de la banda de Cain (supuestamente muerto) hace un trato con el desesperado alcalde de Detroit (Willard E. Pugh), a cambio le pagaran los 37 millones de dólares necesarios para sacar de la bancarrota a la ciudad. El Alcalde simplemente tiene que dejarles vía libre para vender la droga, lo más barata posible. “Quien quiera la consumirá. No obligamos a nadie” dice Hob al Alcalde.

También en el film muestra la destrucción de la educación que tenemos hoy en día (un grupo de furiosos niños del equipo de beisbol destrozan y roban una tienda de electrodomésticos tras apalizar al pobre y desvalido dueño).

En “ROBOCOP 3”(1993, Fred Dekker), pasamos directamente al tercer nivel: el sueño de la OCP, la construcción de la mega ciudad DELTA CITY, el paraíso para millonarios ya mencionado en las dos partes anteriores, pasa por la demolición de la mayoría de los barrios de Detroit. Así, la secuencia inicial, nos muestra el desahucio brutal de unos de esos barrios, por parte de los “Re-Habs”, grupo de ¿mercenarios? con uniforme contratados por la OCP, que por supuesto no son policías, para hacer el trabajo sucio.

Todo esto ha creado un grupo de ciudadanos indignados que se revelan y promueven un grupo armado de disidentes a la OCP, que intentan boicotear las acciones de los Re-Habs.

Emotivas las imágenes del cuartel general, bajo tierra, donde vemos a las familias, con sus hijos, intentando vivir como pueden mientras luchan por sus hogares, ahora derribados.

Además, la ciudad, a punto de irse casi literalmente al infierno, está controlada por bandas punkis, prostitución y crimen. En éste momento, Detroit vive sus últimos coletazos como ciudad civilizada y todo esto provoca que hasta RoboCop deserte y se una a la pobre gente a la que, como una de sus directrices dice, “debe proteger”.

Incluso la OCP, como cualquier empresa, es “absorbida por” otra (como no) japonesa, la  Kanemitsu Corp.,  que además ha creado a su propio cyborg, como es de suponer en el país del sol naciente, mucho mejor, más rápido y efectivo que RoboCop.  La única opción que tiene de no quebrar es DELTA CITY, por lo que la OCP da control absoluto a los Re-Habs para operar como quieran, por encima incluso de la policía y envían a su ninja robot a hacer…no sé muy bien que (ahí el guion hace aguas, pero eso es otra historia)

Finalmente, la propia policía de Detroit empieza la revolución para salvar los barrios pobres haciendo frente a los Re-Habs con ayuda de los propios ciudadanos, la mayoría del grupo de disidentes y consiguen repeler a los Re-Habs (con la ayuda de un RoboCop volador…pero eso es otra historia).

En resumen.

Una empresa que compra una ciudad y la privatiza; unos políticos que no son más que títeres de los primeros; ruina, caos y destrucción imposible de parar; drogas baratas para el consumo masivo; desahucios inhumanos para la creación de grandes edificios…

La realidad de hoy día. La de España, y la de muchos otros.

Desgraciadamente, no hay ningún RoboCop para echarnos una mano… ¿O sí?

Rubén Arnaiz