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Ser hijo, en la sección Fuera de Cuadro. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Ser hijo no es fácil. Naces de alguien que no conoces, que no has elegido, en un lugar, ambiente, economía, educación, religión y cultura que no has elegido. Ser hijo no es fácil y ser buen hijo es todavía más difícil. Ser hijo es admitir lo imposible y lo irremediable. Tus padres son como son y tú eres como eres. Ni ellos te buscaron a ti concretamente (la idea del hijo o hija antes de su concepción siempre es ensoñadora) ni tú elegiste a esos padres, ese ADN, esa educación, esos principios, esas normas.

Ser hijo no es fácil, es aceptar lo irremediable, eres quien eres porque vienes de quienes vienes (padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tíos, tíos abuelos, etc.) con una carga de genética que ni tú mismo la conoces y que, evidentemente no has elegido. Igual que no eliges el sexo (aunque ahora se crea que si), no eliges tus dones (que en mayor o menor grado todo ser humano tiene), no eliges tus defectos, no eliges tus enfermedades, no eliges tu erotismo, no eliges tu capacidad intelectual, ni tu potencial físico… Es decir, no eliges nada, vienes determinado por unas circunstancias totalmente ajenas a ti, y debes amoldarte a lo que se entiende por destino.

De ahí la falacia cuando se habla de libertad. La libertad no existe. Es una utopía que se utiliza, como otros elementos de la vida, para hacernos más prisioneros de un sistema, más esclavos de las creencias, más servidores de lo invisible. Por eso ser hijo no es fácil y, sin embargo, es una de las condiciones más hermosas y positivas del ser humano. Porque aunque a los padres, a la madre y al padre, no se les puede elegir, si es cierto e indiscutible, que somos, todas y todos, hijos de esos padres, y al ser hijos se ha creado un vínculo indestructible, eterno, que sobrevolará nuestras vidas constantemente. Como la rama, aunque crezca muy alejada de las raíces, buscando más sol o más humedad, que nunca dejará de ser parte de ese tronco y que seguirá viviendo de los nutrientes que generen esas raíces, los hijos serán siempre ramas de esa raíz familiar, de ese tronco que sustenta un rico entramado de ramas, hojas, flores y frutos.

Ser hijo no es fácil y ser buen hijo todavía menos. Pero la dimensión del hijo está en proporción directa al respeto y al honor que se deben a los padres. Se dice, como tantas cosas que se plantean a medias, conjugando una verdad con una mentira que “A los padres  no se les elige, pero a los amigos sí que se les elige”. Una nueva falacia que parte de una verdad, “a los padres no se les elige” y desarrolla una mentira “pero a los amigos sí que se les elige”. Pues tampoco a los amigos se les elige, porque las amistades nacen de la propia identidad del hijo y la identidad del hijo, para bien o para mal, nace de esos padres que no han sido elegidos, pero que son nuestros padres. Los amigos también llegan de improviso y parece como si se les eligiera, pero no es cierto, hay una predeterminación para que A sea más amigo de B, que de C, porque todas las personas, que son hijas o hijos están, de una forma u otra, más o menos, determinados por esa sabia procedente de los padres, ese ADN misterioso y nunca desentrañable, ese medioambiente condicionante, esas determinadas creencias, ese espacio geográfico, esa situación económica, esa cultura. Ser hijo no es fácil, por eso ser hijo es un arduo trabajo, un esfuerzo de voluntad y, sobre todo, necesita una gran lucidez para entender que ser hijo es un don del ser humano, que nos indica nuestros orígenes, nuestras realidades, nuestras opciones en la vida, en definitiva nos definen como mujeres y como hombres.

Ser hijo y ser un buen hijo no es un acto baladí, es un compromiso con uno mismo, porque, queramos o no, somos la continuación, en el tiempo y en el espacio, de aquellos que a su vez fueron la continuación de la continuación, de la continuación, de la continuación… Los hijos son un eslabón en la interminable cadena de la existencia del ser humano y nunca el eslabón, nunca, está solo.

Ser hijo y ser buen hijo no es fácil, por eso ser hijo es una condición humana que se debe cuidar y desarrollar con amor, respeto y esfuerzo. Porque nada en la vida transitoria del ser humano es fácil y sencillo.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

 

Estrambote: “Todo hijo cita a su padre en sus palabras y obras”. (Terri Guillemets, antóloga de citas de Estados Unidos, 1973)

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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