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Sufismo: Los versos teofánicos. Por Pedro Burruezo

Nota inicial del editor: Este es el segundo artículo de una serie de 6. Forman parte del último número, el 77, de la revista The Ecologist, correspondiente al segundo trimestre de 2019.

 

Los poetas sufís siempre han visto la Naturaleza como una manifestación divina, como una teofanía. Pedro Burruezo nos recuerda algunos de estos versos realmente evocadores e invocadores, que nos hablan de la Creación y de su Creador…

Fotograma de la película protagonizada por Omar Sharif, «El señor Brahim y las flores del Corán»

El sufismo, o tasawwuf, no es lo que algunos occidentales creen. A saber: una forma pseudoespiritual desconectada de su fuente relevada y de su tradición viva. Desgraciadamente, el mercadillo pseudoespiritual de Occidente hoy se llena de baratijas, pero lo genuino sobrevive encriptado, a pesar de todo. Aunque la proliferación de derviches que no son musulmanes continúa creciendo, como el de intérpretes de ney que desconocen las normas básicas de islam, la brecha sufí cala cada vez más hondo en los ávidos buscadores no de pócimas mágicas para el autoengaño y para satisfacer el ego simulando combatirlo, sino para los verdaderos/as sedientos de una visión del mundo ajena a los dogmas del materialismo. Sí, los muros de Facebook se llenan fácilmente de  palabras y sentencias bonitas de los santos /santas sufíes, pero el camino del tasawwuf no es tan sencillo. Aunque, eso sí, procura bienestar y clarividencia en un mundo presidido por el desorden, la desazón y la tiniebla: personal, familiar, social y ambiental…

Fotograma del film «Bab Aziz, el sabio sufi»

RUMI
Hay dos libros sagrados dentro del tasawwuf. Uno, el Qur’an Al Karim. El otro, el propio cosmos. En los dos se puede leer lo divino, lo sagrado.  Algunos poetas sufíes simbolizan esta verdad de forma ejemplar. “Siento la canción del ruiseñor embriagado / Escucho una música maravillosa en el viento / En el agua, no veo más que la imagen del Amado / Y en las flores sólo siento Su perfume”. Lo escribió Rumi hace muchos años. Mucho antes de que Thoreau se convirtiera en el gran pionero de la literatura de Naturaleza. Este persa que vivió en la actual Turquía también escribió: “Conviértete en el Cielo. Usa un hacha contra la pared de la prisión. Escapa”. La Naturaleza es, a menudo, una metáfora de lo divino. La Naturaleza, por teofánica, es liberadora. La Naturaleza comparte buena parte de los atributos divinos, pues es una creación de Su majestad. Pero la Naturaleza también puede ser un icono de lo mundano, y es por ello que idolatrarla conduce al desatino. “¿Por qué estás tan encantado con este mundo cuando una mina de oro late en tu interior”. Si la Naturaleza no nos hace descubrir lo invisible, verla sólo con los ojos del cuerpo… no nos serviría para nada.

IBN AL ARABI

Ibn Al Arabi

El gran maestro de maestro, el rey de los sabios, no nació en Teherán ni en Samarkanda, ni en el Ganges ni en la China, sino en Murcia. Pero se le conoce muy poco aquí. Su famoso poema de los camellos es revelador: “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo… / Si su religión no era como la mía. /Ahora mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. / Es pradera de gacelas. / Monasterio para monjes cristianos. / Templo para los ídolos / Y Ka’aba para el peregrino. / Y las tablas de la Torah y el libro del Qur’an. / Yo sigo la religión del amor. / Cualquiera que sea el camino que recorran sus camellos… Esa es mi religión y mi fe”. Para el maestro, la más bella religión del mundo, la única verdadera, la religión del amor, ha tomado forma de una caravana de camellos… El nómada que vive en contacto absoluto con la Naturaleza es capaz, quizás más que nadie, de comprehender la unidad del mundo, lo que, en islam, es conocido con el concepto de tawhid: la unidad y la unicidad divinas. O aquello que decían los indios de las praderas (también nómadas): Todo es Uno y Uno es Todo.

RABI’A AL ADAWIYYA
De todas las santas sufíes, Rabi’a Al Adawiyya siempre ha sido una de las más cautivadoras. Era extraordinariamente asceta y siempre fue admirada por todos los grandes hombres y mujeres espirituales de su época, el siglo VII (DC). Ella vivía de una forma completamente humilde. Ni el más espartano de los escritores de Naturaleza actuales vive de la forma tan modesta en que vivió ella, que dijo: “
Dios mío, cuantos bienes me hayas reservado… / En este mundo, dáselos a tus enemigos… / Y cuanto me hayas reservado en el otro… / Dáselo a tus amigos… / Porque a mí, Tú me bastas”. No hay en el mundo nada que pueda sustituir a lo divino. Así, aunque Rabi’a ama la Creación, la teofanía, no la idolatra, como sí ocurre con algunos escritores de Naturaleza. Pues, como dice el Qur’an (55, 26-27): «Todo aquel que está sobre la tierra es perecedero, mientras que la Faz de tu Señor, Majestuosa y Noble, es eterna». Rabi’a adora todo lo creado y se ha abandonado a la humildad del mundo natural, pero no olvida el origen de la teofanía. Rabi’a aclara: Te amo con dos amores… / Un amor hecho de deseo / Y el otro, el digno de Ti. / El amor hecho de deseo me hace recordarte a cada instante… / Y me despoja de todo lo que no eres Tú. / El amor digno de Ti / Aparta de mis ojos los velos para verTe…”.

HAFIZ
Hafiz fue un poeta persa nacido en Shiraz, aproximadamente en el año 1315. Desde muy joven mostró su inclinación por la literatura. Aprendió pronto de memoria el Qur’an y se dedicó al estudio de la mística, la teología y la poesía. Su obra contiene diversas formas poéticas, muy especialmente en el arte del ghazal, un tipo de poema amoroso corto, clásico en la literatura persa, diseñado para ser cantado. En sus versos está presente su anhelo por el vino, considerado por él como el éxtasis místico
que permite alcanzar el perfume de la Verdad; y la delicada, y a veces triste, apreciación de la belleza terrena partiendo de la idea de que de la oscuridad nace la luz. Ve en todo la presencia de Amor universal y dibuja metáforas a partir de la Naturaleza que le permiten hacer llegar al lector su propio éxtasis. La Naturaleza es una constante fuente (Al Kauthar) de imágenes de gran belleza que son un vehículo para llegar al Amado. Pues, no en vano, el Paraíso es, para los musulmanes, una exaltación del mundo natural llevado hasta su más extraordinario clímax.

Esto dijo al alba el ave a la rosa recién despertada:
«Sé amable, pues muchas como tú florecen en esta explanada».
La rosa rió: «Verás que en verdad no mostramos dolor,
Mas nunca un amante con tan duras palabras acosó a su amor.
Si tu deseo es beber vino de rubí de la copa enjoyada
Debes ensartar perlas y corales traspasados por pestañas.
No puede atraer a las ventanas de su nariz el sabor del Amor
Quien el polvoriento suelo de la taberna con la mejilla no barrió».

Anoche, en el jardín de Iram, cuando en el aire agradecido
La brisa del nuevo día meció las hermosas trenzas de jacinto
Pregunté: «Trono de Jamshid, ¿dónde está la copa que revela el mundo?”
Suspiró: «Esa despierta fortuna yace ahora en un sueño profundo»
No siempre de la lengua brotan amorosas palabras:
Ven, trae vino, oh tabernero, pon fin a esta charla.
Las lágrimas de Hafiz arrojan al mar su paciencia y talento.
¿Qué hacer si no puede ocultar cómo el amor desgarra su ser?

 

EL VIAJE EN LA NATURALEZA SALVAJE, SÍMBOLO DEL REENCUENTRO

“Además, en Occidente, la gente tiende a ‘realizarse espiritualmente’ escuchando sermones, discursos y conferencias. Esto es nocivo porque da cancha a los que tienen labia. El sufismo no es ‘sentarse a escuchar a un maestro y quedarse embobado’. El embobamiento no cambia nada en el corazón del que escucha. El sufismo es lucha, es lucha interior y exterior, es esfuerzo continuado sobre una senda exigente. El sufismo es emprender una peregrinación en la que nadie ni nada te sustituyen. Lo dijo Ibn ‘Arabi: ‘Salí del país de al-Andalus en dirección hacia Jerusalem. Hice del Islam mi cabalgadura, del combate mi reposo y de la confianza en Allah mi provisión…’. Las palabras de los maestros, si no son estímulos sino divagaciones, no sirven de nada más que para su prestigio personal. Por eso es más importante y adecuada la exposición del Método (la Tarîqa) que la de la Esencia (Haqîqa), sin embargo la gente en Occidente prefiere y le resulta más goloso que se le hable de la Esencia y se especule sobre lo que es incomprensible si no se ha realizado antes el Camino que prepara el corazón para el Entendimiento (Fahm)”.

 

 

 

Pedro Burruezo

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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