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«Terminator Génesis» de Alan Taylor: Divertida tontería. Por Rubén Arnaiz

Parecía que la saga iniciada por James Cameron por la extraordinaria “Terminator”, y continuada por el mismo director en la excelente (aunque muy, muy por debajo de la original) “Terminator 2”, no daba para más, sobre todo tras las desastrosas secuelas dirigidas por Jonathan Mostow (“Terminator 3”, sólo salvable por alguna que otra secuencia espectacular como la persecución en la grúa, o esa triste y derrotista secuencia final) y McG (“Terminator Salvation”, aburrida hasta la médula y boba hasta decir basta) cuando ahora, nos encontramos con un nuevo intento de revitalizar esta franquicia.

Viendo el lamentable tráiler (un remedo de absurdas escenas de acción, planos imposibles y efectos digitales de saldo), y la paupérrima taquilla en su país de origen , parecía que se había dictado sentencia….

Pero ojo…la película no es, ni de lejos, tan horrible como cabía esperar. Ni los efectos son de saldo (al contrario, en el film “acabado” lucen increíblemente bien), los planos imposibles son muy pocos (los que salen en el tráiler, y que atentan contra las leyes de la física y contra el sentido común) y las escenas de acción no son tan absurdas.

Parecía que esta “Génesis” iba a acabar igual que sus dos antecesoras, en cuanto a calidad. Pero no ha sido así, por suerte.

La puesta en escena de Alan Taylor es mucho mejor de lo esperado, más centrado en intentar que la película pueda ser “entendida” y que las escenas de acción ocurran en un plano real, algo que consigue sólo a medias en la primera hora y no tanto en la segunda (ver la surrealista persecución de los helicópteros, tan risible como efectiva), además de que consigue salvar los momentos dramáticos. Atención a esto: apenas hay momentos de parón de ritmo, ya que los creadores del film piensan que lo mejor es que los personajes “avancen” y “evolucionen” a la vez que la película. Una medida que consigue que el espectador no se aburra y, más importante, no dé tiempo a pensar en lo que está ocurriendo.

Además, en vez de caer en el humor sin gracia de la tercera parte, o en el aburrimiento serio de la cuarta, sorprendentemente “Genesis” consigue un perfecto equilibrio entre humor, y acción, nunca tomándose en serio a sí misma y no aburriéndonos con falsas tragedias y momentos emotivos. Y es que, ¿alguien piensa que los buenos no van a salvar al mundo de la destrucción? ¿Qué las conversaciones sobre viajes en el tiempo, realidades alternativas, o personajes del futuro que en el pasado viajaron al presente para salvar el pasado no las entiende nadie? ¿Y a quién le importa?. Schwarzenegger de nuevo como T-800 está impecable (y se nota que disfruta como un enano tanto en sus momentos de humor como en las de acción, y atención como acaba) y Emilia Clarke, lo mejor del film, que da todo lo que tiene, tanto física (tiene tantas escenas de acción y disparos como la Linda Hamilton en sus 2 películas) como interpretativamente (los momentos humorísticos –ver como se toma a cachondeo casi todo lo que pasa, amén del nombre que le pone al Terminator y que no hace más que repetir a cada momento-, como dramáticos –el momento en que va a perder a su “padre adoptivo”).

También se agradece ese fresco cambio en la línea temporal: puestos a volver a una nueva entrega, pues lo único que quedaba era ponerla patas arriba (aunque como decía más arriba, sea un auténtico lío de comprender para alguien que no sea un fan de la saga…)

Lástima que los últimos 40 minutos sean una tontería de explosiones, peleas y destrucción que intenta tapar que la trama del film apenas sobrepasa una línea (ir a Cyberdine y volarla por los aires: no es ninguna sorpresa, es lo MISMO que en los 3 films anteriores).

Este nuevo TERMINATOR ha mejorado “su chasis”, pero por dentro sigue siendo igual. O sea, más de lo mismo. La taquilla internacional dictará la sentencia final sobre el futuro de esta saga, pero viendo rendimientos similares (Pacific Rim, por ejemplo), no nos extrañe que en un par de años Arnie cumpla de nuevo su eterno “I’ll be back”.

Lo mejor: la primea hora de película, donde todo el tono es desprejuiciado; y los efectos visuales.

Lo peor: los últimos 40 minutos de aburrida acción. Tanta trama rocambolesca para luego acabar igual que las otras películas. Ah, y la música “hanszimmeriana”, simplemente lamentable.

 

 Rubén Arnaiz

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