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THE IMITATION GAME, DESCIFRANDO ENIGMA. Todo por la patria. Por Rubén Arnaiz

Hay algo que siempre me ha gustado en las películas ambientadas en el periodo de la II Guerra Mundial. Nunca he sabido que es, pero me fascinan. Así que nunca podría perderme una película como “The Imitation Game”.

 

Lo mejor de la película, es también lo que hace que ésta no sea perfecta: abarca partes del libro en el que se basa, y aquí eso se traduce en muchos géneros diferentes, sin centrarse en uno. Aunque no lo parezca, comienza casi como una comedia, con esos “oneliners” magistrales entre los personajes de Benedict Cumberbatch y Charles Dance. Luego pasamos al thriller dramático (atención a la magistral música de Desplat, creando perfectos “encadenados” que ayuda al ritmo interno de la película) que la convierte en un entretenimiento de primera, con toda la parte de la construcción de la máquina, los generales, los conflictos, la guerra… y finalmente, un drama emocional, con la obsesión de Turing que le lleva a su precipitación y final, donde, es cierto, sólo se pasa muy por encima el verdadero motivo por el que Turing fue “olvidado”: su homosexualidad.

THE IMITATION GAME

No centrarse en un género, como decía, y la imposibilidad de hacer un film realmente épico,  juegan en su contra. La historia pide a gritos una duración de, digamos, 2 horas y media, para un mejor desarrollo de personajes y de trama. Hace 5 décadas así habría sido, pero en el Hollywood de hoy día, cada día es más difícil. El libro de Andrew Hodges tiene 750 páginas…¿Cómo incluirlo todo en una obra de 115 minutos?. Pues eso.

 

Pero el director y todo el equipo utilizan ese hándicap a su favor, apostando por, en vez de ritmo pausado y planos sostenidos, un montaje con travellings, planos rápidos y generales, que ayudan, como decía más arriba, al ritmo de la película, siendo tan “rápida” como un “blockbuster veraniego”, pero mejor dirigida e interpretada.

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Magistral la labor de Cumberbatch, mostrando un enorme abanico de sentimientos, dentro de ese caótico caparazón que era Turing. También mención para el resto de interpretes (Knightly, Kinnear, Goode…) que son el “complemento” perfecto para este film, que se sustenta también, como no, en un espectacular diseño de producción, cuya recreación de varias décadas, antes, durante y después de la II Guerra Mundial, junto a la Fotografía de  nuestro Óscar Faura, y la música de Desplat, convierten finalmente a “The Imitation Game” en una gran película. ¿Perfecta? No, pero, ¡ni que eso fuera fácil!

 

Lo mejor: El ritmo incesante que Tyldum dota al film, más allá del género de éste.

 

Lo peor: Que la trama acaba un poco diluida al intentar abarcar tantas cosas en tan poco tiempo.

 

Rubén Arnaiz

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