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“Yucatán”, o la comedia en estado puro. Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Cuando se juntan dos excelentes e imaginativos guionistas y un director de calidad (Jorge Guerricochevarría y Daniel Monzón, éste por partida doble), los resultados son siempre excelentes como ocurre con la última aventura sobre timadores que han pergeñado guionista y director, con el visto bueno de un productor tan inteligente y sagaz como Edmon Roch, que como Daniel Monzón, no hay que olvidarlo fue crítico de cine anteriormente. Esta suma de cinefilias, pues a Jorge Guerricochevarría no se le puede negar una amplia mirada cinéfila, hacen de “Yucatán”, la última y magnífica comedia del cine español, una comedia en estado puro, donde sus autores han podido dar rienda suelta a su capacidad para saber combinar con armonía y equilibrio una suma perfecta de diversos géneros, desde el autóctono de las historias de timos, hasta el musical, pasando por el drama, los viajes marineros, el cine romántico y el cine de aventuras. Todo esto que podría parecer un popurrí deslavazado y frenético, de la mano de guionistas y director se transforma en una deliciosa y muy divertida comedia de enredo, muy en la línea del vodevil francés, donde en un espacio tan cinematográfico como un crucero (recuérdese la serie televisiva “Vacaciones en el mar”), el juego de entradas y salidas, equívocos y engaños encuentra un hábitat perfecto.

A partir de ese guión tan inteligente, tan elaborando, donde los personajes y los diálogos son la vida misma, se desarrolla una historia que, en muchas ocasiones profundiza más allá de lo anecdótico, para incidir en la continuada reflexión que Antonio, ese humilde panadero que acaba de ganar 160 millones de euros, hace sobre el dinero, hasta el punto de exclamar “¡El dinero es una mierda!”, algo que dicho en una película de alto presupuesto resulta tan refrescante como alentador, porque no hay despreciar que el cine, además de divertir, como hace “Yucatán”, también debe servir para reflexionar sobre las cosas de la vida.

Pero como muy bien se sabe, o se debería saber, una película es un todo, no es un buen guión o una brillante dirección, no es una impresionante interpretación o una bella fotografía, el todo del cine requiere del equilibrio y la armonía entre todas las partes y es lo que sin esfuerzos aparentes, sin aspavientos, han logrado los responsables, todos, de “Yucatán”, porque un buen guión y una buena dirección, como es este caso, no se sostendría sin una inteligente y potente producción (la película se ha rodado en Barcelona Casablanca, Tenerife, Brasil y la selva de Yucatán) y sin un reparto sin mácula. En una película tan coral como “Yucatán” (aunque no se le pueda quitar el gran protagonismo que tiene Joan Pera), todos tienen su parte de importancia, su parte fundamental, a la hora de construir ese gran puzle de sentimientos, intereses, emociones, egoísmos, vanidades, verdades y mentiras.

Si Joan Pera, que ya no es un jovencito se merece un monumento por la recreación de ese sencillo, pero humano panadero, viudo, padre de tres hijas y agobiado por un dinero que sobrepasa su capacidad matemática, los tres intérpretes de los timadores protagonistas (porque hay otros en segunda línea) como son Luis Tosar (excelente con ese peluquín tan adecuado al personaje), Rodrigo de la Serna (un perfecto don Juan pianista) y Sthepanie Cayo (una suma incontestable de belleza, interpretación y fuerza artística) están, sencillamente perfectos y magníficamente arropados por unos secundarios que hacen buena la tradición del cine español sobre la calidad de los personajes de carácter, mal llamados secundarios.

“Yucatán” es una delicia desde el primer hasta el último plano (evidentemente y como no puede ser de otra manera con final feliz) y sería una pena que esa tradición tan nuestra de mirar atravesado el cine que se hace en nuestra industria, no le diera a la película la merecida concurrencia y el, objetivamente, merecedor triunfo en taquilla que se merece.

Como José López Pérez ya les ha dado su opinión sobre la película, con la que coincido al cien por cien, puedo desvelar que visionamos la película juntos en el pase para los medios de comunicación y que desde el primer momento ambos coincidimos en valorar muy positivamente la película y yo me atreví, quizás un poco ingenuo, porque bien es sabido que el género de la comedia no es valorado por las Academias de Cine, que “Yucatán” arrasaría en los Goya de este año. Aquí quedan mis puntos suspensivos, porque en realidad quien tiene la primera y la última palabra es el público, y precisamente a él, al gran público, al que sabe reír sin cortapisas intelectualoides, va dirigida “Yucatán”.

Sobre Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

Periodista cultural,Crítico de Cine

 

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About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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