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Cien años de Juan Antonio Bardem, la tercera gran ‘B’ del cine español. Por Oti Rodríguez Marchante

Nota inicial del editor: Juan Antonio Bardem Muñoz (Madrid, 2 de junio de 1922 – Madrid, 30 de octubre de 2002) fue un director de cine español. Hijo de los actores Rafael Bardem y Matilde Muñoz Sampedro y hermano de Pilar Bardem. Se casó con María Aguado Barbado y tuvieron cuatro hijos: Miguel Bardem, Juan, Rafael y María. Fue también tío de los actores Javier Bardem, Carlos Bardem y Mónica Bardem. En su juventud colaboró como crítico de cine con revistas como AlertaAteneoLa HoraAlcaláObjetivo o Film Ideal. Es, sin ninguna duda, uno de los grandes del cine español. Se commemora ahora el centenario de su nacimiento. Publicamos ahora el artículo de Oti Rodríguez Marchante que escribió, al respecto, para el diario Abc, con su autorización expresa.

 

Juan Antonio Bardem está considerado como uno de los grandes directores de la historia del cine español, donde ocupa uno de los puestos de honor en la letra mayúscula de nuestra cinematografía, la B, o mejor las Tres Bes, junto a Berlanga y Buñuel. Conmemorar y rememorar a Bardem no necesita especial causa, pero se cumple la fecha de los cien años de su nacimiento y es un hermoso motivo de celebración; hay algo extraño, inadecuado, en celebrar la fecha de la muerte de un gran personaje, y en este caso de Bardem, que falleció en 2002, o sea, hace ahora veinte años. Cuánto mejor señalar y festejar el siglo desde su nacimiento.

Bardem nació para ser actor, como sus padres y buena parte de su familia y linaje, que lo eran y siguen siéndolo con enorme talento y éxito, pero se graduó de ingeniero agrónomo y, posteriormente, se doctoró en el ejercicio de director de cine.

Aunque hay muchos acontecimientos cinematográficos que remarcan su personalidad, son dos películas las que lo colocan en lo más alto, ‘Muerte de un ciclista’ y ‘Calle Mayor’, ambas tempranas, ambas seguidas en su filmografía, de 1955 y 1956, y ambas fraguadas con un calculado reflejo social y moral de aquella España con la que mantuvo siempre unos ojos críticos y una actitud de desafío.


Antes de ellas, y también es un acontecimiento, había hecho su primera película junto a Berlanga, ‘Esa pareja feliz’ (1951), que naturalmente combinaba las dotes de estos dos cineastas para la crítica y la burla, que emplearon a continuación y bien amplificadas en el guion de ‘Bienvenido Mr. Marshall’. Y también es un acontecimiento el arranque de Bardem como director único, con ‘Cómicos’ (1954), donde con estilo realista, tono dramático y ‘fondo de armario familiar’ refleja los ambientes escénicos y la agridulce vida de una compañía de teatro. Eran los años en los que el cine italiano y su propuesta neorrealista brillaban en todo el mundo y tanto Bardem como Berlanga incorporaron sus mejores peculiaridades a su forma de mirar y trabajar sus películas.

Pero es en ‘Muerte de un ciclista’ y en ‘Calle Mayor’ donde le llega el reconocimiento internacional y la sensación de estar haciendo un cine imperecedero. En la primera dibujaba los dramas personales y los escrúpulos morales de una pareja de amantes clandestinos (Lucía Bosé y Alberto Closas) tras haber atropellado accidentalmente a un ciclista; y en la segunda, el dibujo era costumbrista y de anchura social y burguesa en un lienzo de ciudad de provincias, y con un subrayado moralmente corrosivo de la mediocridad, el hastío, la maledicencia y el desprecio a la mujer.

Siguieron otros títulos importantes de su filmografía, no excesivamente larga, como ‘La venganza’ (1958), un drama rural de odio y violencia que apunta detalles interesantes sobre el estado de ánimo de una nación ruda, partida y recelosa pero que empezaba a buscar síntomas de reconciliación. Y el infravalorado ‘Nunca pasa nada’ (1963), donde le toma de nuevo el pulso a la pequeña ciudad, a la moral de la época, a los clichés masculinos y femeninos, a ese ‘nunca pasa nada’ con el que pasan tantas vidas. El reparto internacional, con Jean-Pierre Cassel y Corinne Marchand (recién hecha ‘Cleo de 5 a 7’) y su puesta en escena elaborada en largos planos secuencia, no le ayudaron a conseguir una mayor visibilidad y éxito.

Puede decirse que Juan Antonio Bardem, cuya afinidad al Partido Comunista no le allanó el camino profesional, tiene lo mejor de su obra en la época franquista, y que, tras la muerte del dictador, solo consiguió estar a su propia altura con ‘El puente’, de 1977, película en la que Alfredo Landa dio un espectacular salto de alejamiento del género al que dio nombre, el landismo. ‘7 días de enero’ y algún capítulo de la serie televisiva ‘La huella del crimen’ es lo más rescatable de su cine posfranquista.

Su influencia en el cine y los cineastas de los años sesenta y su etapa renovadora fue enorme, entre otras cosas por su personalidad política, cristalizada en las llamadas Conversaciones de Salamanca, unas jornadas organizadas en 1955 por Bardem, Patino y Muñoz Suay que marcaron una ruptura con el cine que se hacía y que impulsaron otros modelos de producción y unas ambiciones artísticas más pegadas a la realidad y su testimonio. En cierto modo, el influjo y la autoridad de Juan Antonio Bardem, tanto ideológica como cinematográfica, sigue en vigor en todas las últimas generaciones de cineastas y en su modo de ver y retratar el mundo.

Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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