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“Closer” (1980). Una reflexión, un epitafio, un joven pidiendo auxilio. Por Rafa Pastor Soriano

El arte como llamada de auxilio consciente o inconsciente, como descarga, como liberación.

El arte que hace justicia con su creador, con su autor. La lucha a pecho descubierto contra la indiferencia de tantos, una explosión ante conocidos, amigos, enemigos y anónimos que no son capaces de vislumbrar que un alma aparentemente gélida acaba de reventar y bombea pasión con más fuerza que nunca a través de versos oscuros y desesperanzadores pero que no dejan de ocultar que son fruto de un ser humano que sufre.

Utilizaré este “Closer”, segundo álbum de los británicos Joy Division como, al igual que hizo en su día el malogrado Ian Curtis un hilo conductor para expresar una opinión, un recuerdo y por qué no decirlo una frustración.

Curtis tenía dos enfermedades, una de ellas muy llamativa y terrible se mostraba sin pudor ante cualquiera y en cualquier lugar, la otra, invisible, silenciosa, mortalmente esquiva.

Las circunstancias convirtieron a “Closer” en un extraño acontecimiento, si atendemos a lo musical estamos ante un paso más de una banda de jóvenes que venían despuntando, una evolución en toda regla donde ya se tejía una maravillosa amalgama sobre la cual el grupo caminaba, en este caso los sintetizadores cobraron mayor importancia, pero sin eclipsar o desvirtuar la maravillosa sección de cuerda o percusión.

Bernard Sumner aporta una serie de riffs algo más oscuros que en el anterior álbum (el maravilloso “Unknow pleasures”). En algunos momentos llega incluso a recordar al Tony Iommi de la primera etapa de Black Sabbath.

Peter Hook continúa con su afilado trabajo al bajo algo que marcó tendencia, por cierto. Su fuerte toque de púa y sus líneas usando notas altas ajenas en algunos momentos a la guitarra y percusión son una delicia.

Stephen Morris es sin duda el cemento que sujeta todo el conjunto, incansable a la batería, ya desde el inicio del disco el “Atrocity Exhibition” deja claro que su potente pero controlada pegada y sus contundentes ritmos se mantendrán intactos. Es capaz de pasarse todo un tema haciendo lo mismo sin que resulte aburrido.

Aunque con piezas muy distintas (otras no tanto) “Closer” es uno de esos trabajos que no se destaca ninguna canción en particular, cierto que hay sorpresas como ese segundo corte “Isolation“ que ya anticipaba el sendero que tomarían más tarde los británicos en New Order.

Todo el conjunto de pistas tienen algo que aportar, expresan una enorme y preciosa desesperación, “Colony”, la cavernosa “Heart and soul”, la lúgubre “The Eternal” o la impactante “Decades” que cierra el epitafio están a la altura de la obra final del cuarteto de Manchester o como se le llamó para la posteridad debido a la cantidad de propuestas surgidas “Madchester”.

La voz de Curtis suena más oscura y grave que nunca, cierto es que en muchos momentos recuerda a otro poeta maldito como Jim Morrison. Una voz grave y en muchos momentos desafinada que llega hasta el tuétano de los huesos.

Sus letras ya son prácticamente una serie de versos sinceros, aunque bien enmascarados que anticipaban la tragedia.

Se debe también hacer mención al peculiar quinto Joy división, el productor Martin Hannet, un artista infravalorado que dotó a cuatro chavales que en principio querían hacer punk de un estilo que aún hoy día sigue inspirando a muchos. Hannet vio en ellos potencial con lo cual aprovechó la inexperiencia de los músicos para obrar con toda libertad, el resultado es un ejemplo de lo que un buen productor puede llegar a conseguir, algo que hoy día ya queda muy atrás. En ningún momento trató de llevar a la banda por la senda de lo comercial, trabajó sobre el material como el que está pintando un cuadro, captó toda esencia flotante y difusa, juntó, separó, descompuso y ordenó cada pieza y encumbró a la banda de tal modo que hoy en día son pura cultura popular.

La portada no es otra que una fotografía de la tumba de la familia Appilani que se encuentra en Genoa, Italia. Muchos atisbaron en ella una falta de respeto ya que fue adherida tras el suicidio de Curtis que no llegó a ver publicado el álbum. Solo con contemplarla ya se ve perfectamente que la muerte del cantante tuvo mucho que ver, no olvidemos que eran otros tiempos y aquello toco la moral tanto de los músicos como de los fans que vieron en la cubierta una forma de aprovecharse de la fatal situación.

Estamos ante un disco para escuchar entero de principio a fin, no es una recopilación de singles precisamente, más bien una llamada a la sensibilidad y el dolor a través de la música, una historia que acaba mal pero que debería hacernos pensar más allá de los estereotipos tan bien conjugados de la muerte y el rock.

 

Rafael Pastor Soriano. Cantante, guitarrista y compositor en To Brave My Soul además de cinéfilo empedernido.

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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