
«Eddington», lo nuevo de Ari Aster, parecía tener todos los ingredientes para ser una de las pelis más interesantes del año. Lo que yo, la menos, esperaba del realizador de la más que correcta «Midsommar». Además, se estrenaba con el atractivo de haber sido nominada a mejor película en el pasado festival de cine de Cannes y de haber recibido, tras su proyección en el certamen, una ovación de siete minutos.
Después de verla, no tengo dudas de que el público que vio la cinta en Cannes, o eran todos trabajadores que participaron en este proyecto, o es que querían levantarse para ver más de cerca a su increíble plantel de actores, porque lo raro es que no hicieran como la mitad de los espectadores con los que compartí sala al ir a ver el film: largarse por patas a mitad del metraje.
Aster ha contado con un reparto de lujo, encabezado por Joaquin Phoenix, Emma Stone, Pedro Pascal y Austin Butler para contar este relato que mezcla pandemia, teorías de la conspiración, tensiones raciales y hasta la tragedia personal de la mujer del protagonista en un pueblo ficticio llamado Sevilla County. Phoenix, que interpreta al sheriff, tiene, además, una animadversión enfermiza hacía el personaje de Pedro Pascal (casi al final de la cinta sabemos la razón) el alcalde de la localidad, por lo que decide competir por su puesto en las próximas elecciones. Sobre el papel parece un cóctel prometedor, pero en la práctica, la película se convierte en un ejercicio agotador que, por querer abarcarlo todo, termina perdiendo el rumbo.
El ritmo es uno de sus grandes problemas. Con más de dos horas de duración, «Eddington» se arrastra en escenas que parecen no acabar nunca, una lentitud que acaba siendo desesperante y acaba por conseguir que el espectador se desconecte mucho antes de que la trama llegue a sus puntos fuertes. Es lo que me sucedió a mí, pero aguanté estoicamente por la simple curiosidad de saber a dónde demonios quería llegar Aster.
La atmósfera tampoco ayuda, ya el pueblo donde tiene lugar la acción es bastante deprimente, lleno de almas en pena que parecen vivir en perpetua monotonía. Y eso se traslada al espectador, ya que parece que la trama no avance. Y lo más confuso de todo es la acumulación de temas. Pasamos del miedo al COVID y la paranoia ampliada por las redes sociales a la brutalidad policial tras la muerte de George Floyd (de ahí las teorías conspirativas más delirantes, con manifestaciones «Black Lives Matters» incluidas) y de pronto entramos en el drama íntimo de la esposa del personaje de Phoenix, que acaba confesando un gran secreto del que todos intuimos a su verdugo. Cada elemento por separado tiene fuerza, pero al ponerlos todos juntos, el mensaje se diluye. Lo que podría haber sido un relato contundente sobre un tiempo convulso se queda en un batiburrillo que desconcierta y aburre soberanamente. Eso sí, los actores defienden el guion de manera impecable, especialmente Emma Stone (su nombre real es Emily, por cierto) y Phoenix.
Al final, «Eddington» es la prueba de que una buena historia y un gran reparto no siempre garantizan una buena película. La idea de fondo está bien, pero el resultado es un auténtico rollo macabeo.
@hgcsirena
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