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Crítica de la serie «Little Fires Everywhere»: Un fuego inspirador, pero no abrasador. Por Marta Molins

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Elena contempla su mansión, totalmente calcinada tras arder con pequeños fuegos en diferentes puntos de la casa mientras la familia dormía. ¿Quién lo ha hecho y por qué? Se sospecha de Izzy, una de las hijas, que se encuentra en paradero desconocido. Más que la resolución en sí del misterio, lo interesante es ver la complejidad de las protagonistas y las historias de su entorno.

Para los apasionados de «Big Little Lies», serie de la cual estamos esperando su tercera temporada, «Little Fires Everywhere» es una buena opción que no decepciona, aunque no llega a su altura. La actriz Reese Whiterspoon prolonga su personaje de madre rica y perfecta de «Big Little Líes», añadiendo el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) del control que la convierte en despiadada en algunas ocasiones. Encarna a Elena, madre de cuatro hijos que vive en Shaker Heights, un barrio de primera clase que presume de ser también integrador y respetuoso con todas las personas. Sin embargo, un día se cruza en su vida la artista y bohemia Mia (Kerry Washington) con su hija Pearl, sin recursos y de raza negra, y eso desestabilizará no solo el mundo de Elena, sino la vida supuestamente perfecta en Shaker Heights.

 

 

Basada en el libro del mismo título de Celeste Ng, esta miniserie de ocho capítulos producida por Whiterspoon es una crítica social, concretamente a estos barrios supuestamente ideales y de falsa felicidad y tolerancia, que encubren mucha hipocresía y clasismo, ya sea por un tema económico o de raza. La rivalidad entre las dos madres, Elena y Mia, dos mujeres fuertes y luchadoras, está muy bien hilvanada y el espectador se va decantando entre una y otra como una peonza en sus vaivenes de madres protectoras y destructoras a la vez. Whitherspoon y Washington están espectaculares en sus interpretaciones.

En mi opinión, es muy interesante también ver cómo se intercambian los roles establecidos: una madre biológica puede no establecer un vínculo emocional sano con su hija y ésta puede buscar refugio en otra ‘madre’ que puede ejercer como tal solo aportando comprensión y libertad para ser y para equivocarse. En un plano secundario, la historia de la mejor amiga de Elena, se plantea de nuevo qué significa ser madre y la dicotomía entre la biología o los cuidados del día a día.

«Little Fires Everywhere» es un relato sincero y complejo que nos incomoda y atrapa, pero quizás el espectador espera un final más intenso, más abrasador si cabe.

 

Marta Molins

 

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