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Dios no obra como el mundo. Por Oriol Pérez Treviño

Domingo, 9 de mayo de 2021

Uno de los libros de cabecera y referenciales para poder comprender, un poco mejor, a Bach es Ein verpflhichtendes Erbe del compositor Paul Hindemith (1895-1963) que, hace unos meses, tradujo Luis Gago y que podemos encontrar en la magnífica edición castellana de la editorial Tres Hermanas con el título de Johann Sebastian Bach. Una herencia obligatoria. Sin hacer todavía una reseña de este libro, al ser éste una temática próxima para uno de los artículos de la sección, no es menos cierto que una de sus frases nos sirve para iniciar el artículo de hoy y que dedicaremos a una de las dos cantatas de Bach para el quinto domingo después de Pascua, el conocido como «Domingo Rogate».

Decía Hindemith que «lo que nos llega procedente de las biografías de Bach favorece en exceso nuestra propensión a ver una estatua en lugar de un ser vivo». Y es cierto. A diferencia de la gran mayoría de compositores occidentales, las fechas biográficas de Bach brillan por su ausencia y por ser de aquello más fragmentarias. Esto provoca que, en demasiadas ocasiones, la imaginación impulse visiones biográficas que llegan a erigirlo en un ser fabuloso. Me parece, sin embargo, que demasiadas veces obviamos una importante fuente de información como es la que nos dan los textos escogidos por Bach para la creación de sus cantatas. Olvidamos, así, como la temática de la selección de los textos no era secundario sino que formaba parte de una planificación músicoteológica, por lo que resulta evidente que la elección de un texto o un himno en lugar de otro conlleva, implícitamente , entrever muchos aspectos ya no de lo que hacía o dejaba de hacer el músico de Eisenach, sino a constatar un poc mejor como era y, sobre todo, a como vivía su vida como creyente. Y como ya sabemos su vida no fue, precisamente, un ramo de rosas sino estuvo repleto de espinas. A pesar de éstas, sin embargo, su fe lo llenó siempre de una esperanza que, sin embargo, es la que desgrana la segunda de las arias para la primera de las cantatas llegadas hasta nuestros días para el quinto domingo después de Pascua: Wahrlich, wahrlich, ich sage euch, BWV 86 (1724).

Después de un arioso inicial que debemos identificar como la voz de Cristo (vox Christi) que con gran solemnidad anuncia «en verdad os digo que cualquier cosa que pidáis al Padre en Nombre mío, os será concedida», llega dicha aria para altus, violín obligado y bajo continuo que nos dice:

Ich will doch wohl Rosen brechen,

Wenn mich gleich die itzt Dornen stechen.

Denn ich bin der Zuversicht,

Dass mein Bitten und mein Flehen

Gott gewiss zu Herzen gehen,

weil es mir sein Wort verspricht.

 

Y bien, cortaré las rosas,

así me hieran las espinas.

Pues tengo la confianza

de que mi ruego y mi súplica

llegarán al corazón de Dios,

su palabra me lo ha prometido.

La elección de la tonalidad de La Mayor y un ritmo ternario que sin terminar de configurar un aire de minué alcanza un aire de danza, parece exudar esta confianza que Bach sintió siempre hacia aquello inefable y trascendente y que, sin lugar a dudas, había podido profundizar en ello gracias a sus intensas lecturas. Sin ser ahora el momento para escribir sobre este tema, debemos decir que Bach, en medio de un torbellino de actividad musical frenética y multitud de servicios como Kantor, también tuvo tiempo para la lectura y así no han sido pocos los musicógrafos que que se han apasionado por los libros que el Kantor tenía en posesión y donde destacaban los de temática religiosa. Es esta convicción y firmeza en la fe la que detectamos en estas composiciones, más allá, claro, de su materialización y /o implementación a través de la retórica y el figuralismo musicales. La Cantata BWV 86 es un ejemplo de ello.

Si bien los textos para ese quinto domingo después de Pascua de 1724 eran un fragmento de la Epístola de Santiago (Santiago 1: 22-27) y del Evangelio según San Juan (Juan 16: 23-30), no es menos verdad que en esta cantata se filtra la resonancia de otro conocido fragmento del evangelio juánico que lo localizamos en Juan 15: 18-21 que dice:

«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.S i fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia».

A juicio de algún teólogo, posiblemente, no haya ningún otro fragmento de los Evangelios tan contundente y antisistema. Aparte de la riqueza del mismo, resulta evidente que el fragmento le debía resonar en grande a Bach cuando, día tras día, su posición en Leipzig se iba haciendo más y más compleja, precisamente a causa de un mundo que ya entonces mostraba intereses que no eran concomitantes con los de un compositor que restaba convencido que su obra era destinada para la Gloria de Dios (Soli Deo Gloria). Sin ir más lejos, cuando ya habían pasado unas semanas del estreno de la Johannes Passion, el Viernes Santo de aquel año, Bach ya debía haber recibido la recepción de las autoridades del Consejo Municipal que le acabaron prohibiendo el impresionante coro inicial del Herr, unser Herrscher de dicha pasión. Parece que aquella prohibición fue la punta del iceberg en un desencuentro cada vez mayor entre un hombre que, ciertamente, esperaba más de aquellos que lo acabaron escogiendo al fin de un concurso donde, a fin de cuentas, él fue la última de las opciones. Así, en la cantata BWV 86, localizamos este recitativo de tenor:

Gott macht es nicht gleichwie die Welt,

Die viel verspricht und wenig hält;

Denn was er zusagt, muss geschehen,

Dass man daran kann seine Lust und Freude sehen.

 

Dios no obra como el mundo,

que mucho promete y poco sostiene.

Lo que Él dice, sucederá,

para que su alegría y su gozo puedan verse.

 

Estos dos primeros versos son una denuncia directísima a la realidad del mundo (prometer mucho y cumplir poco) que Bach conocía intensamente y que nos lleva, sin embargo, a la corroboración del núcleo mismo de nuestra naturaleza humana como seres por hacer e imperfectos que somos. Esto ocurría en el primer tercio del siglo XVIII. La pregunta que debemos realizar, y aún más después de auténticos procesos de civilización como lo fue el de la Ilustración y que, en aquel tiempo, empezaba a mostrar sus primeros balbuceos, es: como colectividad y especie, ¿hemos avanzado hacia otra tipología de Mundo que se base en prometer poco y cumplir mucho? Les dejo la respuesta a cada uno de ustedes, sin olvidar aquella sentencia, diría que de los tiempos de la llamada «transición español», que en boca de un político decía: «puedo prometer y prometo que quien no tiene cinco pesetas no coge el metro ». Diría que todavía estamos aquí. A pesar de ello, pero, Bach estaba convencido que:

Gott hilft gewiss;

Wird gleich die Hilfe aufgeschoben,

Wird sie doch drum nicht aufgehoben.

Denn Gottes Wort bezeiget dies:

Gott hilft gewiss!

 

Dios ayuda con seguridad.

Y si la ayuda se retarda,

no por eso faltará.

Pues la palabra de Dios lo dice:

¡Dios ayuda con seguridad!

 

Fue a través de esta convicción en la fe, en la confianza en Dios como Bach fue capaz de superar adversidades vitales, profesionales y donde, sin embargo, el verdadero consuelo parecía encontrarlo en el acto musical del que, excepcionalmente, este jueves tendremos un nuevo capítulo en ser el día de la Ascensión. Y para este día, les prometo escribir sobre una de las cantatas que el articulista más ama: Lobet Gott in seinen Reichen, BWV 11 (Alabad al Señor en su Reino). Lo prometo y espero, si Dios quiere, hacerlo.

Oriol Pérez i Treviño

DÉU NO FA COM EL MÓN

 

Diumenge, 9 de maig de 2021

 

Un dels llibres de capçalera i referencials per comprendre, una mica millor, a Bach és Ein verpflhichtendes Erbe del compositor Paul Hindemith (1895-1963) que, ara fa uns mesos, va traduir Luis Gago i que podem trobar en la magnífica edició castellana de l’editorial Tres Hermanas amb el títol Johann Sebastian Bach. Una herencia obligatoria. Sense fer-ne encara una ressenya d’aquest llibre, en ser aquest una temàtica per a un dels propers articles de la secció, no és menys veritat que una de les seves frases ens serveix per iniciar l’article d’avui i que dedicarem a les dues cantates de Bach per al cinquè diumenge després de Pasqua, el conegut com «Diumenge Rogate».

 

Deia Hindemith que «el que ens arriba procedent de les biografies de Bach afavoreix en excés  la nostra propensió a veure una estàtua en lloc d’un ésser viu». I és cert. A diferència de la gran majoria de compositors occidentals, les dates biogràfiques de Bach brillen per la seva absència i per ser d’allò més fragmentàries. Això provoca que, en massa ocasions, la imaginació impulsi visions biogràfiques que arriben a erigir-lo en un ésser fabulós. Em sembla, però, que massa vegades obviem una important font d’informació com és la que ens donen els textos escollits per Bach en la creació de les seves cantates. Oblidem, així, com la temàtica de la selecció dels textos no era secundari sinó que formava part d’una planificació músicoteològica per la qual cosa resulta evident que l’elecció d’un text o un himne en lloc d’uns altre comporta, implícitament, deixar entreveure molts aspectes ja no del que feia o deixava de fer el músic d’Eisenach, sinó a com era i, sobretot, a com vivia la seva vida com a creient. I com ja sabem la seva vida no va ser, precisament, un ram de roses sinó va estar plena d’espines. Malgrat aquestes, però, la seva fe el va omplir sempre d’una esperança que, tanmateix, és la que desgrana la segona de les àries per a la primera de les cantates arribades per al cinquè diuemnege després de Pasqua: Wahrlich, wahrlich, ich sage euch, BWV 86 (1724).

 

Després d’un arioso inicial que hem d’identificar com la veu de Crist (vox Christi) que amb gran solemnitat anuncia «en veritat us dic que qualsevol cosa que demaneu al Pare en Nom meu,us serà concedida», arriba una ària per altus, violí obligat i baix continu que ens diu:

 

Ich will doch wohl Rosen brechen,

Wenn mich gleich die itzt Dornen stechen.

Denn ich bin der Zuversicht,

Dass mein Bitten und mein Flehen

Gott gewiss zu Herzen gehen,

weil es mir sein Wort verspricht.

 

Podré doncs collir les Roses

Encara que em punxin les espines,

Car tinc confiança plena

En que els meus precs i súpliques

Han d’arribar al Cor de Déu,

Tal com sa Paraula em va prometre.

 

L’elecció de la tonalitat de La Major i un ritme ternari, que sense acabar de configurar un aire de minuet assoleix un aire de dansa, sembla traspuar aquesta confiança que Bach va sentir sempre cap allò inefable i transcendent i que, sense cap mena de dubte, havia pogut aprofundir a través de les seves intenses lectures. Sense ser ara el moment per escriure sobre aquest tema, hem de dir que Bach, enmig d’un terbolí d’activitat musical frenètica i multitud de serveis com a Kantor, també va tenir temps per a la lectura i així no han estat pocs els musicògrafs que s’han apasssionat pels llibres que el Kantor tenia en possessió i on destacaven els de temàtica religiosa. És aquesta convicció i fermesa en la fe la que detectem en aquestes composicions, més enllà, és clar, de la seva materialització i/o implementació a través de la retòrica i el figuralisme musicals. La Cantata BWV 86 n’és un exemple.

 

Si bé els textos per aquell cinquè diumenge després de Pasqua de 1724 eren un fragment de l’Epístola de Sant Jaume (Jaume 1:22-27) i de l’Evangeli segons Sant Joan  (Joan 16:23-30), no és menys veritat que en la cantata hi traspúa la ressonància d’un altre conegut fragment de l’evangeli joànic que és el que localitzem a Joan 15: 18-21 que diu:

 

«Si el món us odia, sapigueu que m’ha odiat primer a mi primer que a vosaltres. Si fóssiu del món, el món estimaria allò que és seu; però, com que no sou del món, sinó que jo us he escollit del món, per això el món us odia».

 

A judici d’algun teòleg, possiblement, no hi hagi cap altre fragment de l’Evangeli tan «antisistèma» i contundent. A part de la riquesa del mateix, resulta evident que el fragment li devia ressonar d’allò més bé a Bach quan, dia rere dia, la seva posició a Leipzig s’anava fent i més complexe, precisament a causa d’un món que ja aleshores mostrava interessos que no eren concomitants amb els d’un compositor que restava convençut que la seva obra era destinada a la major glòria de Déu (Soli Deo Gloria). Sense anar més lluny, quan ja havien passat unes setmanes de l’estrena de la Johannes Passion, el Divendres Sant d’aquell any, Bach ja devia haver rebut la recepció de les autoritats del Consell Municipal que li van acabar prohibint l’impressionant cor inicial del Herr, unser Herrscher del’esmentada passió. Sembla que aquella prohibició va ser la punta de l’iceberg a un desencontre cada vegada més gran entre un home que, certament, esperava més d’aquells que el van acabar escollint després d’un concurs on, a fi de comptes, ell va ser la darrera de les opcions. Així, a la Cantata, localitzem aquest recitatiu de tenor:

 

Gott macht es nicht gleichwie die Welt,

Die viel verspricht und wenig hält;

Denn was er zusagt, muss geschehen,

Dass man daran kann seine Lust und Freude sehen.

 

Déu no fa com el Món,

Que promet molt i compleix poc,

Car allò que Ell anuncia haurà de passar

Per tal que es pugui manifestar

La seva satisfacció i plenitud.

 

Aquests dos primers versos són una denúncia directíssima a la realitat del món (prometre molt i complir poc) que Bach coneixia abastament i que ens porta, tanmateix, a la corroboració del nucli de la nostra naturalesa humana com a éssers per fer i imperfectes que som. Això passava en el primer terç del segle XVIII. La pregunta que ens cal fer, i encara més després d’autèntics processos de civilització com ho va ser el de la Il·lustració i que, en aquell temps, començava a mostrar els seusprimers balbuceigs, és: com a col·lectivitat i espècie, hem avançat cap a una altra tipologia de Món que es basi en prometre poc i complir molt? Els deixo la resposta a cadascun de vostès, sense oblidar aquella sentència, diria que dels temps de l’anomenada «transició espanyola», que en boca d’un polític deia: «puedo prometer y prometo que quien no tiene cinco pesetas no coge el metro». Diria que encara som aquí. Malgrat això, però Bach estava convençut que:

 

Gott hilft gewiss;

Wird gleich die Hilfe aufgeschoben,

Wird sie doch drum nicht aufgehoben.

Denn Gottes Wort bezeiget dies:

Gott hilft gewiss!

 

Déu sempre ajuda!

Fins i tot si l’auxili es retarda,

Aquest mai deixarà d’arribar

Car la Paraula de Déu ho garanteix:

Déu ajuda sempre!

 

Va ser a través d’aquesta convicció en la fe, en la confiança en Déu com Bach va ser capaç de superar adversitats vitals, professionals i on, tanmateix, el veritable consol sembla trobar-lo en l’acte musical del que, excepcionalment, aquest dijous en tindrem un nou capítol més en ser el Dia de l’Ascensió.I per aquest dia, els hi prometo escriure sobre una de les cantates que l’articulista més estima: Lobet Gott in seinen Reichen, BWV 11 (Lloeu el Senyor en son Reialme). Ho prometo i espero, si Déu vol, fer-ho.

 

 

 

 

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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