«El ser querido» (2026): La mejor película española del año. Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña aciertan de nuevo

Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña, Javier Bardem y Victoria Luengo en el rodaje de «El ser querido»

«La persona nacida con un talento que debe usar encontrará su mayor felicidad al usarlo». Johann Wolfgang von Goethe

 

Rodrigo Sorogoyen me parece el mejor director español actual. Sabe reinventarse en cada película y en cada serie. Isabel Peña es la mejor guionista española. Forman un tándem magnífico, muy consolidado. Ya lo habían demostrado en «Stockholm», «Que Dios nos perdone», «El reino», «Madre» y «As bestas». También en «Antidisturbios» una de las mejores series españolas de todos los tiempos.

En «El ser querido» han creado ambos un guion inteligente, magnifico, con grandes diálogos.

Nos cuentan parte de la historia del famoso director español, afincado en Estados Unidos, Esteban Martínez. Marcado por su pasado de excesos (alcohol, drogas, violencia). Regresa a España para rodar su nueva película, que será histórica, teniendo la acción en el Sahara. Se rodará en Lanzarote (islas Canarias).

El film comienza cuando queda de nuevo con Emilia, su hija, a la que hace 13 años que no ve, queriendo proponerle que protagonice esa película, precisamente. Ella es actriz, pero no ha conseguido dedicarse totalmente a ello y trabaja como camarera. Esa primera escena es ya magnífica, ambos se mienten (dicen que están bien, cuando no es así). Desde el principio la historia es interesante y te engancha.

Hay dos secuencias más magistrales, una que tiene lugar en el rodaje, cercana a terrorífica, en la que Esteban se pone violento y eso que durante el rodaje parece que ha cambiado, ya no bebe, ni se droga e intenta ser más contenido. Es una larga secuencia muy difícil, que es absolutamente redonda.

Otra transcurre casi al final, cuando la filmación está cerca de periclitar y ambos protagonistas intentan acercarse, algo que es imposible. Ella se ha sentido abandonada durante muchos años y él no consigue dar con la tecla que les permita recuperar el tiempo perdido, o por lo menos lograr reconstruir sus circunstancias emocionales. Él le reconoce que siente mucho no haber estado más cerca de ella todos estos años.

Hay un par de situaciones más que destacan. El momento en el que el equipo de fotografía abandona el rodaje y el momento en el que Esteban está con su nueva familia, su actual esposa y sus dos hijos pequeños, y Emilia, algo perjudicada por el alcohol, los encuentra paseando, en un fin de semana en el que hay un descanso del rodaje.

Rodrigo demuestra, una vez más, que es un gran director de actores. Javier Bardem corrobora que es uno de los grandes y Victoria Luengo le da una magnífica réplica. Su duelo actoral es extraordinario.

Uno de los grandes aciertos es el casting, en el que también están Raúl Arévalo (pareja de Victoria en el rodaje), Marine Fois (mano derecha profesionalmente de Bardem y que era la protagonista de «As bestas»), Raúl Prieto, Melina Matthews, Pepa Gracia y Nuria Prims (como la madre de Emilia).

Cine dentro del cine, estamos ante un drama con mirada propia. Muy diferente a «Valor sentimental», con la que solo coincide en su premisa argumental y en que también es una gran película.

Capítulo especial merece el grandioso score de Olivier Arson, compositor habitual de los trabajos de Sorogoyen. Hay poca música, pero es excelente, tanto para crear un clímax, como para ilustrar la narración y potenciarla.

La fotografía realista de Álex de Pablo va a favor de obra. Gran trabajo.

Gran apuesta por los primeros planos

En la película destaca la apuesta por los primeros planos, en los que Bardem y Luengo brillan aún más. Si esto falla, cualquier película falla y aquí sucede todo lo contrario, así como la apuesta en algunos momentos del blanco y negro, para destacar algunos detalles y momentos.

«El ser querido» es la mejor película española del año, probablemente la mejor, la más redonda de sus creadores. Es cine clásico y moderno, tan alejado de los blockbusters actuales de usar y tirar. Cine con mayúsculas, del que perdura en el tiempo y con el que el espectador puede jugar y especular.

Final tan brillante, como consecuente.

Puntuación:

@JLPnosolocine

Coda: Parece que «La bola negra» de Los Javis va a tener mucha promoción de cara a los premios Óscar del año que viene, de la mano de Netflix y puede estar nominada en varias categorías. Me gustaría que «El ser querido» fuera la película elegida por los académicos españoles, para representar a España en los premios de la Academia de Hollywood. Así, por primera vez en la historia, podría haber dos películas españolas en el palmarés de los premios más importantes de la industria del cine.

 

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2 comments

  1. En tiempos en los que ni se hablaba de la conciliación familiar, la figura de un padre agresivo y con probables problemas sociales y profesionales lo que conllevaba frustración y lo que presumiblemente hacía buscar el escapismo inmediato que facilitan consumos poco recomendables era algo más común de lo que quizás conocíamos. Esa persona vivía como un lastre ser la unidad productiva y responsable de la convivencia en el hogar. Sin ser adivino, esa situación desemboca en ausencias, en presuntas violencias y en el abandono definitivo en búsqueda de una salida.

    En tiempos en los que la mujer tenía menor peso en la vida profesional y social, uno de los requisitos del rol masculino en las familias era aportar estabilidad económica y ser la voz determinante en la evolución del clan. Evidentemente, aún no existía (o por lo menos, no se había popularizado) el concepto de la inteligencia emocional, la empatía y habilidades como saber pedir perdón o gestionar la tensión, todo ello, sería más objeto de ciencia ficción.

    En la actualidad el protagonista ha rehecho su vida, ha logrado éxito profesional y en cierto modo, ha madurado lo que le permite querer contactar con la hija que tuvo (y abandonó) y que aunque sea actriz vive de trabajos alejados de los focos y posiblemente «precarios» e intentar echarle un cable aprovechando que es un director de cine reconocido y que viene a rodar a España.

    Con esos mimbres y con unos primeros planos, escrutadores de la verdad de los personajes, dignos del cine mudo, tan lleno de miradas y silencios, se articula una primera secuencia prodigiosa, que te succiona y te obliga a rendirte desarmado ante la historia que se explica y cómo se relata.

    No hay grandilocuencia, no hay histrionismo, no hay abrazos, los reproches son mínimos, se mienten para no escarbar en sentimientos, el aire de tristeza envuelve sus buenos gestos. Casi todo pasa de forma contenida y soterrada, entre miradas esquivas y vulnerabilidades que sugieren heridas del alma de los protagonistas.

    Sin entrar en escenas ya comentadas en el artículo y por diversos medios promocionales y analistas, ese viaje que representa la filmación de la película y la incorporación/conocimiento de la hija en la tribu peliculera sirve para visionar las dificultades en el rodaje como metáforas de los obstáculos que tienen padre e hija para reconectar sus vidas.

    Para mí, esos inconvenientes y cómo se solucionan los valoro como un homenaje a los oficios de hacer cine y a una realidad que a veces se ha edulcorado.

    Particularmente, me interesa el encuentro con la nueva familia del director y como no hay rastro del ogro doméstico y ahora actúa con los niños, cariñoso y complaciente, igual que intenta aconsejar a su hija sobre comportamientos dudosos.

    Únicamente su premisa inicial coincide con Valor sentimental, ni su desarrollo ni su conclusión tienen nada que ver. De hecho, aquí su final me parece más creíble, son seres heridos, existe aceptación pero no necesariamente conexión. Estoy harto de las redenciones y de las segundas oportunidades que nos cuelan intuyo por motivos comerciales…

    El paralelismo del tema del «abandono» sea familiar o el de nuestro gobierno con el Sahara no lo acabo de ver aunque haya quien lo comente.

    La comparación con otras obras que han abordado el cine dentro del cine no tiene mucho sentido porque la intención es absolutamente diferente.

    En fin, un peliculón del que me alegro que el boca-oreja funcione para darle su verdadera dimensión en las salas.

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