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«Los inmortales» (1986). Solo puede quedar uno. Por Rafael Pastor Soriano

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha deseado muchas cosas, riqueza, volar, ser invisible, etc… Pero si algo está por encima de todo premio eso es la inmortalidad. Bien por el propio miedo a la muerte o por afán de poder o quizás por ambas cosas.

En 1986 se estrenó “Highlander” (Los inmortales) que esta vez por lo menos tenía una traducción medianamente acorde a lo que se nos iba mostrar en pantalla.

Una historia sencilla y efectiva que bien es sabido tenía una gran influencia de “Los duelistas” (1977) y “Terminator” (1984) aunque en realidad todo vino de una curiosa anécdota en un museo de Edimburgo en base a una armadura medieval y el hecho de imaginarse a uno de esos tipos andando tranquilamente por nuestra sociedad.

Su argumento básicamente trata de un grupo de personas que desde el amanecer de los tiempos han sido dotados con la inmortalidad y que deben ir eliminándose (decapitándose), duelo de espadas previo los unos a los otros hasta llegar al duelo final.

Su director Russell Mulcahy, basó el ritmo de la película en una serie de flashbacks que siempre son un arma de doble filo ya que según su uso pueden generar confusión en el espectador o bien llenar una gran historia y beneficiar el desarrollo de los personajes, en este caso sucede lo segundo. Como protagonista tenemos a Cristopher Lambert, actor que siempre se ha considerado muy limitado pero que goza de gran carisma y con el que a través de su Connor Mcleod viajamos por diferentes lugares y momentos de la historia, desde la Escocia del Siglo XVI  pasando por el Boston de la  época victoriana o la segunda guerra mundial hasta la Nueva York de 1985. Es un personaje que contemplando  la película hoy en día vemos que más que atormentado por sus vivencias está más hastiado de vivir que otra cosa, en ocasiones da la sensación que no tiene interés ninguno por seguir adelante, ha vivido de todo y solo le vemos esbozar una sonrisa  cuando recuerda con cariño episodios del pasado a la vez que irremediablemente revive la tragedia de un don que nunca eligió y que le llevó entre otras cosas a perder al amor de su vida,  la angelical Heather interpretada con soltura por Beatie Edney.

Como maestro de ceremonias y auténtica estrella tenemos a Sean Connery en el papel de Ramírez o “El español”  que viene a ser un mentor de nuestro protagonista y que eclipsa hasta llegar a borrar de la pantalla con su presencia a cualquier personaje que se le ponga al lado. Connery parece estar por encima del bien y del mal, realiza un trabajo propio de alguien en estado de gracia. Nos regala un personaje sabio, elegante, noble y fanfarrón. Sin duda da buena cuenta del gran actor que fue.

Clancy Brown que interpreta a “El Kurgan” destaca por su voz y físico, esta película no habría sido lo mismo sin él. Su labor como antagonista es inolvidable, es el más fuerte y despiadado de todos los inmortales y no se detendrá ante nada. Le da un punto de humor negro a su personaje que despierta más de una carcajada y es que este tipo de films necesitan un villano que esté a la altura y por suerte él lo está y de sobra.  Curioso el contraste de personajes,  ya que mientras Lambert da la sensación de estar maldito, Brown derrocha ambición.

Es el bien contra el mal en estado puro.

Desde el principio con una magnifica escena en el Madison Square Garden la película da lo que promete, acción, drama y en general bastante diversión sin bajar el ritmo y con esos flashbacks muy bien entrelazados.

Mención especial a su banda sonora a cargo de los también inmortales Queen que compusieron cada tema como si les fuese la vida en ello regalándonos joyas como “Who Wants to Live forever” (increíble cómo nos azota el alma y nos roba hasta la última lágrima), “Princes of the Universe”, ”Hammer to Fall o “A Kind of Magic”.  Con esas canciones es imposible que no se despierten emociones en el espectador,   es simplemente sublime.


Roxanne Hart, Sheila Gish, James Cosmo y Celia Imrie completan el reparto de esta obra de los 80 que tuvo mayor vida en mis tan queridos videoclubs que en las ahora por desgracia en peligro de extinción salas de cine.

Para mí es un film para el recuerdo e incluso la reflexión y es que a fin de cuentas independientemente del tiempo que estemos aquí o el poder que tengamos, lo importante es que cuando lleguemos al final miremos atrás y sintamos que mereció la pena, aunque no seamos inmortales, ni príncipes del universo, ni nada más que seres con un alma y es que como dice la canción ¿quién quiere vivir para siempre?

 

Rafael Pastor Soriano. Cantante, Guitarrista y compositor en To Brave My Soul además de cinéfilo empedernido

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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