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Un pequeño ejercicio de admiración. Por Oriol Pérez Treviño

Jueves, 20 de junio de 2024

No es la primera vez que el cronista se hace eco de nuestra habitual dependencia, por no llamarla directamente adicción, por la actualidad. Y la actualidad, que no es lo mismo que el presente, nos lleva a vivir dentro de un efecto permanente de montaña rusa donde, cada día por la mañana, deberíamos empezar con un «abrochémonos los cinturones» para prepararnos para lo que nos depara el nuevo día. Y lo que nos depara es cada día más sórdido y escabroso, eso sí bien presentado y bajo el signo de lo políticamente correcto, para despistarnos del drama que estamos viviendo. ¿Cuál es este drama? Es el drama de vivir sin conciencia y totalmente deslumbrados por los trileros de la política, el periodismo y los taumaturgos de la sorpresa permanente. Y es que en el fondo todo obedece a la búsqueda del placer egoico en un mundo donde hemos perdido de vista la consecución de la felicidad de aquel Yo superior bautizado por C.G. Jung. Es la felicidad que nos da la eterna sonrisa del otro, la audición del disco Bach-Busoni del joven pianista Eudald Buch o la intensidad de la lectura de aquellos artículos o libros que nos hacen sentir más vivos y despiertos.

El martes, en paralelo al tener que sufrir en primera persona la ignomiosa y descerebrada decisión de convertir los paseos y calles de la ciudad de Barcelona en un circuito de Fórmula-1 bajo la previvisible consecuencia de tener que cancelar el servicio de las líneas regulares de bus, las redes se hacían eco de la muerte del lingüistía y filósofo Noam Chomsky. Nada más alejado del pésame y de las muestras de tristeza porque si bien el estado de salud del intelectual es muy delicado a sus 95 primaveras, Chomsky sigue vivo en este valle de lágrimas y teniendo que ver una situación geopolítica de derrumbe y que cada día se asemeja más a la vivida en otros momentos de la historia previos al estallido de una guerra mundial. A pesar de esta situación, como nos enseñó Manuel Chaves Nogales, la revelación más sorprendente y estremecedora de un derrumbe, como el que estamos viviendo o como el que vivió el propio periodista sevillano con la caída de Francia bajo el régimen de Vichy, es la indiferencia inhumana de la masa. Esta indiferencia fue analizada en su precioso libro La agonía de Francia (1941) para advertirnos:

«Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la Historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual. Seguíamos manteniendo la ilusión de que la gran ciudad engendra el mito de la ciudadanía. Hemos visto ahora que la gran ciudad moderna, con toda su vibración y su formidable progreso material, es un ser inanimado, una fuerza y una resistencia gigantesca si se quiere pero que sólo actúan en el dominio estricto de su propia función, que permanecen inoperantes cuando se quiere esgrimirlas con una finalidad espiritual superior».

¿Cómo esgrimir o despertar esta finalidad espiritual superior? Sin duda alguna con la adquisición de conciencia crítica como la que nos ha legado Chomsky con su obra. Es Chomsky el ejemplo de una figura que rompe por completo la advertencia hecha por Francis Scott Fitzgerald en El gran Gatsby: «tener que ser el más limitado de los especialistas: aquellos que saben un poco de todo». No es éste el caso del profesor emérito del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y que, más allá de la referencia absoluta que es dentro del pensamiento de la izquierda mundial, es el padre de la Lingüística moderna, por lo que bueno es darnos cuenta de que antes de  tomar conciencia de la manipulación constante de la comunicación de masas o de su visión sobre cuestiones geopolíticas como el conflicto en Oriente Medio, Chomsky ha realizado unas aportaciones fundamentales en el campo de la Lingüística. O lo que es lo mismo: antes de exhibir músculo en el campo de la ideología, Chomsky ha demostrado ser alguien muy importante en el terreno de la Lingüística hasta el punto de afectar, entre otras, a una disciplina como la psicología. Así, a partir de la teoría chomskyana de la existencia de una gramática universal ha desafiado el conocido conductismo de los psicólogos que, todavía hoy, se erige en el parámetro absoluto en el inicio de muchos tratamientos psicológicos. Y es que el conductismo y su obsesión por reducirlo todo al estudio del comportamiento, descartando otras preocupaciones, temas y ámbitos, es la única razón de ser de determinada psicología y la consecuencia inevitable del racionalismo y Física modernos donde todo parece estar regido por el principio de causa-efecto. El efecto, el comportamiento en este caso, es lo que es necesario analizar para buscar las causas que lo provocan. Pero también sabemos que la física de vanguardia nos sitúa ya no en un mundo de causa-efecto sino en uno de probabilidad y posibilidad, por lo que el lenguaje, según Chomsky, juega también un papel importante en nuestro comportamiento. No sólo eso. El lingüista ha demostrado cómo las facultades humanas y cognoscitivas en el aprendizaje del lenguaje también pueden contribuir y ayudar en la comprensión de algunas áreas de la psicología.

Noam y David Chomsky

Hay que decirlo lo antes posible. Acercarse a Chomsky no es, o no debería ser, la simple justificación de un posicionamiento ideológico, sino que nos traslada a la complejidad intelectual de la que, en el propio intelectual, hay aspectos que no se explican lo suficientemente. Uno de ellos es el de su estrecho vínculo con la cultura hebrea y su arraigo al judaísmo. Nacido en Filadelfia (Pensilvania) el 7 de diciembre de 1928 es hijo de una familia de asquenazistas. Su padre William Chomsky, médico y gran estudioso del hebreo, provenía de la población ucraniana de Kupil y se había trasladado a los Estados Unidos escapando del horror nazi después de que su población natal fuera arrasada. Fue el estudio del hebreo el que lo convirtió en un destacado lingüista, disciplina que trasladó al primero de sus dos hijos, Noam, ya que el segundo, David (1934-2021) optó por la medicina, exactamente por la disciplina de la cardiología, realizando visitas a domicilio hasta los 85 años. Poco se habla de cómo la primera lengua de Noam Chomsky fue el jiddisch, aquella lengua germánica occidental donde los askenazis convirtieron en un etnolecto al combinar el alto alemán, con palabras del hebreo y del arameo con un uso habitual del alfabeto hebreo. El propio Chomsky ha explicado cómo ese uso del jiddisch era un tabú familiar ya que pesaba más el lado hebreo al haber crecido «inmerso en la literatura y la cultura hebreas». Pese a su contacto permanente y familiar con esta lengua semítica, Chomsky asegura que la única lengua que escribe y habla de forma competente es el inglés.

Autor de un centenar largo de referencias, es evidente que ayer vivimos por unos momentos el vacío de saber que Chomsky ya no estaba entre nosotros. Que los dioses quieran que permanezca Chomsky todavía muchos más años entre nosotros, pero resulta evidente que, más allá de su ideología arraigada a las tradiciones anarquista o al socialismo libertario, ideologías que no le resuenan nada mal al cronista al quedar convencido de la necesidad de eliminar cualquier jerarquía injustificada, especialmente como la que ha vivido de primera mano en la gestión cultural pública, uno no puede dejar de pensar en la cantidad de libros de Chomsky que nos faltan por leer. Uno de los últimos de su autoría que leí fue el constituido por las conversaciones con David Barsamian y lleva por título Malestar global (Editorial Sexto Piso, 2018). A pesar de que seis años son los que han pasado desde su publicación, puedo asegurar cómo la radiografía realizada en aquel momento es, pasados ​​los años, aún más lúcida. Estamos dejando en herencia a nuestros nietos un mundo mucho más peor del que nos encontramos donde el cambio climático o el conflicto nuclear no son ciencia ficción sino una posibilidad muy real. Ante esto y dada la incapacidad del sistema por gestionar estas amenazas, sólo está en nuestras manos el tomar conciencia de ello con pequeños gestos. Sirva este artículo una muestra de lo expresado por Chomsky o, si más no, como un pequeño ejercicio de admiración.

Oriol Pérez Treviño

 

UN PETIT EXERCICI D’ADMIRACIÓ

 

Dijous, 20 de juny de 2024

 

No és la primera vegada que el cronista es fa ressó de la nostra habitual dependència, per no anomenar-la directament addicció, per l’actualitat. I l’actualitat, que no és el mateix que el present, ens porta a viure dins un efecte permanent de muntanya russa on, cada dia al matí, hauríem de començar amb un «cordem-nos els cinturons» per a preparar-nos el què ens depararà el nou dia. I el que ens depara és cada dia més sòrdid i escabrós, això sí ben presentat i sota el signe d’allò políticament correcte, per despistar-nos del drama que estem vivint. Quin és aquest drama? És el drama de viure sense consciència i totalment enlluernats pels trilers de la política, el periodisme i els taumaturgs de la sorpresa permanent. I és que en el fons tot obeeix a la recerca del plaer egoic en un món on hem perdut de vista l’assoliment de la felicitat d’aquell Jo superior batejat per C.G. Jung. És la felicitat que ens dóna el somriure etern de l’altre, l’audició del disc Bach-Busoni del jove pianista Eudald Buch o la intensitat de la lectura d’aquells articles o llibres que ens fan sentir més vius i desperts.

Dimarts, en paral·lel a l’haver de patir en primera persona la ignomiosa i descerebrada decisió de convertir els passeigs i carrers de la ciutat de Barcelona en un circuit de Fórmula-1 sota la previvisible conseqüència d’haver de cancel·lar el servei de les línies regulars de bus, les xarxes es feien ressó de la mort del lingüistia i filòsof Noam Chomsky. Res més allunyat del condol i de les mostres de pèsam perquè si bé l’estat de salut de l’intel·lectual és d’allò més delicat a les seves 95 primaveres, Chomsky segueix viu en aquest vall de llàgrimes i havent de veure una situació geopolítica d’ensorrament i que cada dia s’assembla més a la viscuda en altres moments de la història previs a l’esclat d’una guerra mundial. Malgrat aquesta situació, com ens va ensenyar Manuel Chaves Nogales, la revelació més sorprenent i esfereïdora d’un ensorrament, com el que estem vivint o com el que va viure el mateix periodista sevillà amb la caiguda de França sota el règim de Vichy, és la indiferència inhumana de la massa. Aquesta indiferència va ser analitzada en el seu preciós llibre La agonía de Francia (1941) per advertir-nos:

 

«Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la Historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual. Seguíamos manteniendo la ilusión de que la gran ciudad engendra el mito de la ciudadanía. Hemos visto ahora que la gran ciudad moderna, con toda su vibración y su formidable progreso material, es un ser inanimado, una fuerza y una resistencia gigantesca si se quiere pero que sólo actúan en el dominio estricto de su propia función, que permanecen inoperantes cuando se quiere esgrimirlas con una finalidad espiritual superior».

 

Com podem esgrimir o despertar aquesta finalitat espiritual superior? Sens dubte amb l’adquisició de consciència crítica com la que ens ha llegat Chomsky amb la seva obra. És Chomsky l’exemple d’una figura que trenca per complet l’advertència feta per Francis Scott Fitzgerald a El gran Gatsby: «haver de ser el més limitat dels especialistes: aquells que saben una mica de tot». No és aquest el cas del professor emèrit de l’Institut de Tecnologia de Massachusetts (MIT) i que, més enllà de la referència absoluta que és dins el pensament de l’esquerra mundial, és el pare de la Lingüística moderna, per la qual cosa bo és adonar-nos que abans de prendre consciència de la manipulació constant de la comunicació de masses o de la seva visió sobre qüestions geopolítiques com el conflicte a l’Orient Mitjà, Chomsky ha realitzat unes aportacions fonamentals en el camp de la Lingüística. O el que és el mateix: abans d’exhibir múscul en el camp de la ideologia, Chomsky ha demostrat ser algú molt important en el terreny de la Lingüñistica fins al punt d’afectar, entre d’altres, a una disciplina com la psicologia. Així, a partir de la teoria chomskyana de l’existència d’una gramàtica universal ha desafiat el conegut conductisme dels psicòl·legs que, encara avui, s’erigeix en el paràmetre absolut en l’inici de molts tractaments psicol·lògics. I és que el conductisme i la seva obsessió per reduir-ho tot a l’estudi del comportament, tot descartant-ne altres preocupacions, temes i àmbits, és l’única raó de ser de determinada psicologia i la conseqüència inevitable del racionalisme i la Física moderns on tot sembla estar regit pel principi de causa-efecte. L’efecte, el comportament en aquest cas, és allò que cal analitzar per cercar les causes que el provoquen. Però també sabem que la física d’avantguarda ens sitúa ja no en un món de causa-efecte sinó en un de probabilitat i possibilitat, per la qual cosa el llenguatge, segons Chomsky, també juga un paper important en el nostre comportament. No només això. El lingüista ha demostrat com les facultats humanes i cognoscitives en l’aprenentatge del llenguatge també poden contribuir i ajudar en la comprensió d’algunes àrees de la psicologia.

 

Cal dir-ho quan abans millor. Acostar-se a Chomsky no és, o no hauria de ser, la simple justificació d’un posicionament ideològic, sinó que ens trasllada a la complexitat intel·lectual de la que, en el mateix intel·lectual, hi ha aspectes que no s’expliquen el suficientment. Un d’ells és el del seu estret vincle amb la cultura hebrea i el seu arrelament al judaisme. Nascut a Filadèlfia (Pennsilvània) el 7 de desembre de 1928 és fill d’una família d’asquenazistes. El seu pare William Chomsky, metge i gran estudiós de l’hebreu, provenia de la població ucraïnesa de Kupil i s’havia traslladat als Estats Units escapant de l’horror nazi després que la seva població natal fos arrasada. Va ser l’estudi de l’hebreu el que el va convertir en un destacat lingüista, disciplina que va traslladar al primer dels seus dos fills, Noam, ja que el segon, David (1934-2021) va optar per la medicina, exactament per  la disciplina de cardiologia, realitzant visites a domicili fins als 85 anys. Poc es parla de com la primera llengua de Noam Chomsky va ser l’ídix (jiddisch), aquella llengua germànica occidental on els askenazis van convertir en un etnolecte en combinar l’alt alemany, amb paraules de l’hebreu i de l’arameu amb un ús habitual de l’alfabet hebreu. El mateix Chomsky ha explicat com aquest ús de l’ídix era un tabú familiar ja que pesava més el costat hebreu en haver crescut «immers en la literatura i la cultura hebrees». Malgrat el seu contacte permanent i familiar amb aquesta llengua semítica, Chomsky assegura que l’única llengua que escriu i parla de manera competent és l’anglès.

 

Autor d’un cententar llarg de referències, és evident que ahir vam viure per uns moments el buit de saber que Chomsky ja no era entre nosaltres. Que els déus vulguin que romangui Chomsky  encara molts anys entre nosaltres, però resulta evident que, més enllà de la seva ideologia arrelada a les tradicions anarquista o al socialisme llibertari, ideologies que no li ressonen gens malament al cronista en restar convençut de la necessitat d’eliminar qualsevol jerarquia injustificada, especialment com la que ha viscut de primera mà en la gestió cultural pública, un no pot deixar de pensar en la quantitat de llibres de Chomsky que ens manquen per llegir. Un dels darrers de la seva autoria va ser el constituït per les converses amb David Barsamian i porta per títol Malestar global (Editorial Sexto Piso, 2018). Malgrat que sis anys són els que han passat des de la seva publicació, puc assegurar com la radiografia realitzada en aquell moment és, passats els anys, encara més lúcida. Ras i curt. Estem deixant en herència als nostres néts un món molt pitjor del que vam trobar-nos on el canvi climàtic o el conflicte nuclear no són ciència-ficció, sinó una possibilitat real. Davant d’això i donada la incapacitat del sistema per gestionar aquestes amenaces, només està en les nostres mans el prendre’n consciència amb petits gestos. Serveixi aquest article una mostra de l’expressat per Chomsky o si més com un petit exercici d’admiració.

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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