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Ennio Morricone, el hombre que convirtió a la música en protagonista y estrella de la película. Por Oti Rodríguez Marchante

Nota inicial del editor: Para www.nosolocine.net «Ennio: el Maestro» es la película de la semana, probablemente la película del año, de los últimos años. Ennio Morricone es mi absoluta compositor favorito de bandas sonoras de cine. Publicamos ahora el artículo al respecto del gran Oti Rodríguez Marchante. Como en casos similares, con su autorización expresa, ya que lo ha escritor de forma primigenia para el diario Abc, del que forma parte desde hace más de 36 años.

 

La música en el cine puede ser un aliño, un sabor, un color, un estado de ánimo, y también una matraca, una falta de ortografía y hasta la mejor empuñadura para tener una película agarrada siempre a la memoria. Ennio Morricone, un señor con gafas y con el discreto aspecto de quien estampa un sello en un papel oficial, ha hecho tantísima música para películas que las tiene de todos los colores, sabores y ortografías, pero algunas de ellas se colaron tan, tan adentro que son no solo la mejor vestimenta sino también su mejor sinopsis y médula.

Con solo unas notas sueltas de ‘El oboe de Gabriel’ en ‘La Misión’ basta para que aparezcan torrenteras, selvas, pasiones y una fe inquebrantable; todo lo que contaba Roland Joffé en su película estaba ahí, en el corazón de esa música.

Y si la nostalgia sonara sería con las notas de Morricone sobre la mirada del niño Salvatore ‘Totó’ en ‘Cinema Paradiso’. O ese triángulo celestial que formaban los ojos de David Noodles (De Niro), el baile en gasa enharinada de la niña Jennifer Connelly y la música de Ennio Morricone en ‘Érase una vez en América’… En fin, eso no son bandas sonoras, es agua bendita que moja para siempre por dentro.

Sergio Leone y Ennio Morricone, que eran amigos de la infancia, le pusieron letra y música a lo que luego se llamó spaguetti wéstern, una revolución visual, pero sobre todo musical, que volteó la estética, la temática y la moral de ese viejo género cinematográfico al que ya solo le cabían dos o tres obras maestras más. Leone adornó de planificación, suciedad y violencia su trilogía del dólar, pero esas tres películas, ‘Por un puñado de dólares’, ‘La muerte tenía un precio’ y ‘El bueno, el feo y el malo’ (hay que incluir ‘Hasta que llegó su hora’), contenían un hallazgo mayúsculo que era su banda sonora, una partitura compuesta de ruidos, silbidos, pinceladas, coros, épica, sinfonía, balada…, puro leitmotiv y hasta tal punto único que dejan la auténtica huella para seguir eternamente su rastro. Sin Morricone el spaguetti sería una pasta demasiado cocida y a palo seco, sin salsa.

Ennio Morricone falleció con 91 años en 2020, no mucho después de recibir el Premio Princesa de Asturias junto a otro gigante, John Williams. La larga y fructífera vida de un chiquillo que empezó a tocar la trompeta (solo hay algo más peligroso que un niño con una trompeta, y es un niño con un tambor), que hizo carrera en el Conservatorio, que tenía un don para la composición y que siempre tuvo un discretísimo complejo por dedicarse a la música del cine en vez de a la música académica y ‘culta’.

Compuso las bandas sonoras de centenares de películas; ganó primero un Oscar honorífico en 2007, como compensación a los varios que la Academia le birló, y después, en 2016, lo volvió a ganar por su trabajo en ‘Los odiosos ocho’. Sobre este gran y sencillo hombre se estrena un documental que realmente lo honra, ‘Ennio: el maestro’, dirigido por Giuseppe Tornatore, un monumental y emocionante repaso a su vida y su música y que descubre las diversas tonalidades del genio (era un grandísimo ajedrecista) y consigue rodearlo de una calidez y de un sentimiento conmovedores.

Hablan de él, de su música, muchos de los directores con los que trabajó, y algunos de ellos con un entusiasmo comprensible y reverencial, como Roland Joffé, Bertolucci, el propio Tornatore, Tarantino, Bellocchio o aquel primer Sergio Leone que vieron como amplificaba su cine hasta llevárselo a las nubes. Pero, sobre todo, habla él, Morricone, un tipo fascinante y con esa sabiduría impagable de quien descifra las emociones y pulsa la tecla exacta que las produce.


Sobre Oti Rodríguez Marchante

Crítico de Cine

@OtiRMarchante

 

About Jose

Escritor, cineasta, activista cultural y organizador de festivales de cine

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