—¿Qué mérito tienes para entrar al cielo? —preguntó San Pedro al escritor.—Escribí cuentos para distraer a la gente, hacerla pensar y, quizá, dejarle alguna enseñanza.
—¿Lo conseguiste?
—No lo sé. Eso tendrían que decirlo mis lectores.
San Pedro abrió una puerta.
Una mujer dijo:
—Uno de sus cuentos me hizo volver a hablar con mi madre.
Un anciano agregó:
—Otro me hizo pedir perdón.
San Pedro cerró el gran libro.
—Puedes pasar.
—¿Entonces mis cuentos fueron suficientes?
San Pedro sonrió.
—No fueron los cuentos. Fue lo que dejaste en los demás.
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